La monstruosa diversidad sexual
- 13 jun 2021
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Actualizado: 17 jun 2021

Hasta hace algunos años, el tratamiento de temas queer en mi experiencia se limitó a un espectro reducido donde sólo había cabida para las «machorras» y los «maricones». Por supuesto, estas categorías estaban acompañadas de una carga negativa constituida desde el “pecado”, la deshonra y la vergüenza; de todo aquello de lo que no se habla. Así que el tabú, no sólo me limitó a tener un panorama distorsionado de la realidad LGBTQ+, sino que me llevó a desconocer la importancia que guarda el reconocimiento y validación de todas las identidades.
Por fortuna, con el tiempo adquirí las herramientas necesarias con las que comenzaría a deconstruir las viejas políticas sexuales y de género que me constituyeron y así, dar pie a la urgente humanización del monstruo que escapa de la norma perpetuada por el sistema binario heteropatriarcal.
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He aprendido que la diversidad sexual es un ente deforme y que, a pesar de ello, reclama su existencia ante la enunciación de cada una sus partes L-G-B-T-T-T-I-Q-A-P. Lo que me llevó a percatarme de que no todos cuentan con el privilegio de abordar al monstruo por los cuernos y que, ya sea por ignorancia u otros factores socioculturales siquiera puede haber un acercamiento que permita el entenderlo en sus diferencias.
Por eso, considero importante desmenuzar las letras que le configuran e identificar las esferas que la conforma y encontrar en su significación el valor unitario que en sumatoria con el resto de las extremidades da como resultado la conformación de un espectro que sólo busca existir con dignidad.
Partiré desde las categorizaciones que la COPRED (2016) ofrece:
· L es por Lesbiana, mujer que siente atracción física, emocional y/o romántica por otras mujeres
· G es por Gay, hombre que siente atracción física, emocional y/o romántica por otros hombres
· B es por Bisexual, persona que siente atracción física, emocional y/o romántica hacia dos géneros y/o sexos
Hasta aquí, esta primera parte representa a las orientaciones sexuales que desafían a la norma de la heterosexualidad.
· T es por Transgénero, persona que su identidad de género no corresponde con la biología asignada; esta categoría no requiere modificaciones para adecuarse
· T es por Transexual, persona que su identidad de género no corresponde con la biología asignada y realiza un cambio para adecuarse
Las pasadas dos categorías corresponden a la forma con la que los individuos perciben y auto definen su experiencia personal y manifiestan su identidad de género (esta es independiente de la orientación sexual y la expresión de género).
· T es por Travesti, persona que se viste y/o expresa como el género opuesto
A diferencias de las anteriores, esta última T aboga por la manera en la que un individuo señala una discordancia con su género a través de su expresión sin trastocar su propia identidad.
· I es por Intersexual, persona que tiene caracteres sexuales masculinos y femeninos
Esta categoría corresponde a una condición biológica
· Q es por Queer, categoría que engloba a cualquier identidad de género y orientación sexual que esté fuera del canon heteronormativo
· A es por Asexual, persona que no manifiesta atracción sexual hacia otras personas
· P es por Pansexual, persona que siente atracción atracción física, emocional y/o romántica por las personas sin importar su identidad, expresión de género y sexo biológico
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Resulta complejo desmembrar cada uno de los elementos que se entre unen y dan forma a una estructura monstruosa del talle de Mary Shelley. La diversidad se gesta como un Frankenstein que rebasa los cánones de la dominación patriarcal y como otredad
se le excluye, invalida y violenta.
Por ello, existe una urgencia de re imaginar al ser humano más allá de las limitantes de género y orientación sexual que la norma Occidental impuso a beneficio de la dominación patriarcal. Y, a través de la enunciación de nuestras identidades denunciar la violencia estructural que invalida la diferencia; de señalar el rezago en materia de derechos humanos, la limitada inclusión social y la inalcanzable promesa de una vida digna.
¿Algún día tendremos los monstruos la oportunidad de ser escuchados? ¿Podremos superar la «realidad inconcebible» con la que nos han designado?




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