Degenere, mugre, sangre y muerte en Nuestra parte de noche
- 6 jul 2023
- 1 min de lectura

Cuando me hablaron por primera vez de Nuestra parte de noche, estaba borracho. Sin embargo, no fue impedimento para que mi atolondrada atención se clavara con la descripción que mi amiga detallaba sobre la novela.
La historia comienza con un viaje, me dijo; Juan, un vato que invoca seres sobrenaturales huye con su hijo para protegerlo de una Orden secreta, pero al mismo tiempo es un padre de mierda. Los daddy issues en todo su esplendor.
Así que decidí darle una oportunidad al monstruo de casi 700 páginas con la certeza de que me adentraría en un terreno salvaje. Tal como la espesura selvática de la provincia de Misiones que se describe en la obra y que alberga horrores como la brutalidad policiaca de la dictadura argentina, la devoción a entes extraños, la epidemia del SIDA y la crudeza de las relaciones humanas.
Luego la lectura se torna adictiva porque el terror de los sucesos va más allá de la santería. Profundiza en las raíces de las heridas familiares. Las historias de Juan, Rosario, Gaspar (y otras figuras externas) se interconectan para dejar al descubierto la manera en que los personajes aman, temen, se equivocan y luchan por la supervivencia en un entorno de degenere, mugre, sangre y muerte que consume todo a su paso.
«Es extraño que piense en luz, porque siempre me explicaron que somos para la oscuridad».
Al final del día, Mariana Enriquez perfila un estilo que perturba y cautiva por partes iguales como suele hacerlo en sus textos, con personajes complejos, incluso ambiguos, que de pronto se parten a la mitad mostrando lo inevitable que es escapar de la Oscuridad, de su propio destino.




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