La reivindicación de la Veneno
- 12 mar 2022
- 2 min de lectura
Actualizado: 6 jul 2023

Fue durante el 2020 que los productores y directores Javier Calvo y Javier Ambrossi decidieron apostar por una historia que desafía al canon social y que abre la puerta a identidades de género de la subalternidad. Veneno, la serie, es la nostalgia al pasado de las memorias de Cristina Ortiz “La Veneno” —plasmadas por Valeria Vegas en su libro ¡Digo! Ni puta, ni santa—, para no sólo representar la fantasía y la provocación de la vida del icono mediático, sino para humanizar la figura estigmatizada de la transexualidad.
A lo largo de los ocho episodios, el hilo narrativo zurce las historias de la Veneno y de Valeria al yuxtaponer el choque generacional en las realidades de ambas; son las diferentes etapas de la prostituta más icónica de la España de los 90 y el proceso de estructuración de identidad de una joven transgénero los ejes que significan la historia de estas mujeres para las que el mundo es peligroso.
La trama tiene la fuerza para sobrepasar la imagen de puta y encueratriz que acompañó a la protagonista, porque va más allá de la Cristina de tetas paradas que conquistó el parque del Oeste con su cuerpo. Profundiza en su desparpajo, en la espontaneidad y, sobre todo, en su condición humana: es el receptáculo del rechazo y la violencia estructural; el estandarte de la marginalización; la falla de un sistema binario; la comidilla televisiva de una mujer torturada por el deseo de sentirse validada.
A pesar de ello, se erige como la tentación prohibida que visibiliza las carencias de una realidad ajena al panoramade la época y que urgía enunciar. Por ello, a lo largo de la serie es posible encontrar momentos en los que la vulnerabilidad, la unidad trans y el desacato a la norma construyen algo que dista de la realidad que por mucho tiempo ha suprimido las historias de personas como Cristina, Paca la Piraña, Juany, la Manola, entre muchas más.
Veneno tiene todo lo necesario para convertirse en una pieza de culto queer. Pues brinda una plataforma no sólo al talento transexual que vivifica a la obra sino a la misma comunidad que representa, ya que lo hace mediante una propuesta audiovisual de escándalo: fresca, irreverente, pulida, propositiva, pero sobre todo: humanizada.




Comentarios