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Salir del armario ¿un acto de revolución?

  • 11 oct 2021
  • 3 min de lectura

Hasta el siglo pasado, la lucha por la reivindicación queer aún marchaba a pasos de bebé y la vocalización sobre las realidades ajenas a la heteronorma aún tenía un buen de camino por recorrer. En esta transición hacia un mundo más diverso, hace 33 años los activistas Robert Eichberg y Jean O'Leary propusieron la conmemoración del Coming out day (día de salir del armario) cada 11 de octubre como respuesta a la falta de reflexión acerca de un proceso sumamente complejo, representativo en la vida de todo integrante de la comunidad LGBTQ+.

Este proyecto que nació por y para la defensa de los derechos humanos tomó fuerza durante las últimas tres décadas con el empoderamiento de todas aquellas personas que han decidido hacer frente al mundo asumiendo su verdad con orgullo. Sin embargo, este evento anual ha originado cierto debate respecto al papel que los integrantes de la comunidad tienen que jugar al vulnerarse con la revelación de su intimidad dentro de los contextos que habitan. Si es que esto es posible… o al menos seguro.

En este caso, es importante dimensionar la situación en México, ya que reconocer la diversidad en un país que tiene una fuerte cultura machista permite tantear los parámetros a los que la población disidente enfrenta. Según lo indicó la Encuesta Nacional sobre Discriminación (ENADIS), en el 2017 casi tres millones de personas mayores de 18 años se identificaron con una orientación no heterosexual; sin embargo, de esta cifra, el 30.1% declaró factores recurrentes a la discriminación y violencia.

Por un lado, los números muestran una mayor apertura a la auto definición e inserción social de la comunidad, con seguridad estos mismos son el resultado de la valentía que conlleva hacer frente a entornos complejos a través de la defensa del orgullo de ser quién eres y la normalización de estilos de vida que no difieren del “esteriotipo heterosexual”.

La preocupación surge cuando en la discusión se identifican como común denominador los factores sociales, económicos, religiosos que intervienen puesto que ponen a consideración el privilegio de llevar una vida digna ante el miedo que se genera por el rechazo, censura, discriminación y marginalización; la violencia estructural.

Tal es el caso que se presentó en el diario mexicano El Universal (2018) sobre Loren Daniel, ex profesor de la Facultad de Psicología de la UANL que en el 2017 tras su “salida de clóset” como hombre trans sufrió un despido injustificado al notificar a su dependencia sobre su proceso de reasignación sexogenérica. Dicho conflicto demuestra la vulnerabilidad a la que se ve sometida el cumplimiento de los derechos más básicos de los humanos.


Las consideraciones de si salir del armario o no se tornan espinosas. De esta manera, la elección de compartir este aspecto personal pasa a constituirse como una elección de gran magnitud que debe surgir desde la plena conciencia y la elección individual.

Para concluir, las identidades queer no le deben explicaciones a nadie, sin embargo, el mero nombramiento de su configuración psicosexual forma parte de una revolución que dimensiona la existencia y señala las necesidades de quiénes han sido relegadxs a la desaprobación heteronormativa. Y así como la segunda ola feminista lo señaló: “lo personal se vuelve político”, con ello surge la oportunidad de abogar por quiénes se les ha arrancado la voz, hacer valer nuestro existir y recordarle al mundo que vamos a resistir.


¡Dentro, afuera o a medias eres igual de valiosx!

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